lunes 26 de octubre de 2009

Perseguir un sueño

Yo soy pequeña, mi mundo es pequeño. Pero tengo ilusión y lucho por lo que quiero.

He pasado horas, días y noches, meses y hasta años, sufriendo. Pero como dice alguien a quien quiero mucho: "resiste".

Cuando uno resiste se hace más digono, más fuerte y sobre todo: se permite un gran lujo que es dedicarse a lo que realmente le gusta, no traicionarse a si mismo, quizás la mayor de las traiciones.

La exposición de pintura en Bértiz va bien. Cientos de personas (más de 500 ya han pasado por ella) y sólo he recibido a acambio cosas buenas: la mayoría de personas que me quieren han pasado por ella (y uno nunca es consciente de cuánta gente llega a quererle, ¡gracias!), todos me han dado una opinión llena de emoción y agrado, de enhorabuena y felicitaciones (¡gracias mil!), y otros tendrán en casa un pedacito de mi pintura, uno u otro cuadro, en Madrid, Pamplona... ¡gracias!

Gracias, porqué cuando sienta que me quedan 100 euros para pasar el mes a día quince, cuando alguna fría y oscura tarde de invierno esté ahí, en mi estudio, peleándome con uno u otro lienzo o alguna mañana pasee buscando la mejor foto, recordaré que hay gente a la que le gusta mi pintura, que ha habido alguien que tras unos minutos en mi exposición, emocionada, me ha abrazado y susurrado un "¡gracias maestra!" o me ha dejado un bonito mensaje en el contestador recitándome unos versos sobre el color y el papel del pintor.

No puedo estar más que agradecida. Ahora, sé que he de volar, que no es fácil, a ratos acompañada, a ratos sola, pero siempre pensando en mi obligación de no defraudar a aquellos que, a caso tan solo por un breve instante, una sola vez, se han parado ante uno de mis cuadros, y sin lugar a dudas, de forma directa y potente, se han emocionado.

A ellos, y solo a ellos, debo lo que hoy ya sé que soy: "la pintora catalana de Erratzu", de ese pueblo maravilloso, con sus gentes y niños maravillosos, que me han acogido como a una más, siempre en silencio, mostrándome su afecto con una bolsa de tomates, acelgas, calabacines o hongos de su huerta.

Soy la persona más feliz del mundo.

GRACIAS, MIL VECES GRACIAS.

lunes 5 de octubre de 2009

La raya de Francia

Miguel Sánchez Ostiz
La raya de Francia
La Vanguardia

Iritzia-Gaurkoa-->Baroja soñaba allí un País Vasco medieval y pagano al que le sobraban moscas, frailes y carabineros El de la raya de Francia, en Navarra, hasta la bahía de Txingudi, entre Irún, Hondarribia y Hendaya, es un territorio fronterizo de historia intensa que en sus últimos kilómetros está marcado por el río Bidasoa y el valle de Baztan.

Más allá de Baztan, hacia el este, están Roncesvalles, Irati y los valles de Salazar y Roncal, hasta el límite con Aragón. Un territorio de bosques, valles cerrados y montañas que ganan en altura y en belleza agreste conforme se alejan del mar.

Su literatura es más bien escasa o de un costumbrismo que el tiempo ha arrugado sin remedio. Baztan salta a la literatura del siglo XX por los agotes, la llamada raza maldita, que habitaba el barrio de Bozate, y que le sirvió a Félix Urabayen para escribir su Barrio maldito, sin duda su mejor pieza literaria y la mejor que ha tratado ese tema borrascoso, de la misma manera que los contrabandistas le sirvieron para escribir Centauros del Pirineo, y a Pablo Antoñana La cuerda rota, sobre el tráfico de personas.

Frente a esas negruras, Baztan tuvo durante años la presencia del poeta y cantautor Mikel Laboa. Y antes de ellos, estuvo Valle-Inclán en Reparacea y en casa Vergara de Elbetea, escribiendo su trilogía carlista, con licencias que encrespaban a Baroja.

En esa misma casa se alojó Blaise Cendrars, cuando se dedicó a pescar salmones, antes de asistir al comienzo de la Guerra Civil en esos mismos parajes. Y algunos más desconocidos, como el diplomático Llovet, que escribió una rara novela de amores con el Bidasoa como fondo, y García Serrano, a pinceladas, que por motivos familiares conoció de joven Baztán.

Las estampas románticas de los militares liberales que quemaron Lecarotz en la primera guerra carlista y escribieron alguna estampa romántica quedan demasiado lejos.

Los franceses, como Francis Jammes, prefirieron siempre el otro lado de la frontera, más amable, esa Navarra francesa perdida en 1521, desde luego, aunque lo utilizaran como referente romántico, de charanga y pandereta en Carmen, con sus contrabandistas y sus cigarreras.

Leo también a Bernard Delvaille asomándose, muy joven, a Baztan desde las alturas del puerto de Izpegi, antes de recalar en el bar Basque de San Juan de Luz, como lo hiciera Morand, Drieu o Jules Roy.

Con todo, esa es una tierra de pintores, como Apezetxea, Ana Mari Marín, Sobrino (los "pintores del Bidasoa"), Sagardía en Ituren, o como José Antonio Sistiaga o Mendiburu o el mismo Oteiza que tuvieron sus estudios de cara a la bahía de Txingudi...

Y en Baztan, en su corazón, ahora mismo, un poeta extraordinario, del que con seguridad se hablará mucho: Hasier Larretxea, con su Última bala.

En Vera, Pío Baroja veraniego, junto a su familia, en el epicentro de Itzea, haciendo autobiografía, novela histórica, soñando un País Vasco medieval y pagano, una república a la que ya de manera tópica, y con gracia escasa, le sobraban moscas, frailes, carabineros y chulitos, o estudiando como el erudito Julio Caro Baroja, y cerca, en Lesaka, los Esparza, periodistas y escritores, gente de teatro, y actualmente Eduardo Gil Bera, en Narbarte, con seguridad el ensayista más sólido y atractivo que haya dado la Navarra moderna.

Para terminar, en la bahía de Txingudi, David de Jorge, estrepitoso escritor y crítico gastronómico, y Alfonso Sastre, y antes José Bergamín, y mucho antes Unamuno exiliado enfrente, en Hendaya, escribiendo del pirata Itchabe Pellot, allí, junto a la casa de Pierre Loti, Bakar-Etxea, casa solitaria más que casa del solitario.

Gentes todas ellas fronterizas, a caballo entre dos o tres lenguas y culturas.

Miguel Sánchez Ostiz (Pamplona, 1950), es autor de novelas como ´Tánger bar´, ´La gran ilusión´ (premio Herralde) o ´Las pirañas´, así como de poesía, ensayos y dietarios. Su obra más reciente es ´Cuaderno boliviano´ (Alberdania, 2008)

domingo 27 de septiembre de 2009

Exposición de pintura en el Parque Natural de Señorío de Bertiz

Del 1 de octubre al 30 de noviembre, en el Parque Natural Señorío de Bértiz, en Oieregui. Todos los días de 10:00 a 13:30 y de 16:00 a 17:30h. Para más información: http://dianainiesta.blogspot.com – 659 948 926



"Como árboles"

Todos somos árboles en uno u otro bosque. Las personas desarrollamos nuestra propia identidad alrededor de nosotros mismos como los árboles lo hacen creciendo entorno a su propio eje, girando sobre sí mismos.

Por eso, si nos fijamos, veremos que sus ramas se distribuyen en espiral de abajo a arriba. Los árboles también necesitan adaptarse al entorno, como nosotros. Y, en función de éste, tienen uno u otro tronco, corteza, diferente altura, copa, tipo de hoja, raíces… Siempre en busca de agua y luz, desarrollando una u otra forma. Podemos ver muchos paralelismos entre los árboles y las personas.

Más aún, si observamos diferentes árboles en un mismo bosque, veremos cómo unos están relacionados con otros y entre todos hacen posible el equilibrio de dicho hábitat, como el ser humano lo intenta… aunque no lo consiga siempre.

He conocido personas que eran como hayas, altas en busca de luz, con una copa densa para preservar con su sombra la humedad de su suelo. También he conocido personas como robles, de tronco grueso y copa generosa porqué eran fuertes, estables e inteligentes. También he conocido pinos de amplias ramas y por tanto, gran capacidad para establecer un vínculo afectivo fuerte con otros a su alrededor.

En cualquier caso, como dice Benedetti, “los otros me ampararon siempre/como árboles”.

martes 1 de septiembre de 2009

Débil del alba


"Humedad", 50x50 cms
óleo sobre tabla
Autor: Tomás Sobrino



El día de los desventurados, el día pálido asoma
con un desgarrador olor frío, con sus fuerzas en gris,
sin cascabeles, goteando el alba por todas partes:
es un naufragio en el vacío, con un alrededor de llanto.

Porque se fue de tantos sitios la sombra húmeda, callada,
de tantas cavilaciones en vano, de tantos parajes terrestres
en donde debió ocupar hasta el designio de las raíces,
de tanta forma aguda que se defendía.

Yo lloro en medio de lo invadido, entre lo confuso,
entre el sabor creciente, poniendo el oído
en la pura circulación, en el aumento,
cediendo sin rumbo el paso a lo que arriba,
a lo que surge vestido de cadenas y claveles,
yo sueño, sobrellevando mis vestigios morales.

Nada hay de precipitado ni de alegre, ni de forma orgullosa,
todo aparece haciéndose con evidente pobreza,
la luz de la tierra sale de sus párpados
no como la campanada, sino más bien como las lágrimas:
el tejido del día, su lienzo débil,
sirve para una venda de enfermos, sirve para hacer señas
en una despedida, detrás de la ausencia:
es el color que sólo quiere reemplazar,
cubrir, tragar, vencer, hacer distancias.

Estoy solo entre materias desvencijadas,
la lluvia cae sobre mí, y se me parece,
se me parece con su desvarío, solitaria en el mundo muerto,
rechazada al caer, y sin forma obstinada.
Pablo Neruda